Alejandro alguna vez me dijo que no era normal estar rodeado de pura gente que bebía o se drogaba como algo cotidiano. Yo pensaba que lo que no podía ser normal era estar al lado de alguien capaz de herir a su paso, como si el uso de la violencia psicológica fuera natural incluso. Me pregunto qué y cómo creció Alejandro para ser lo que es. Vamos, que yo sé qué y cómo crecí, sé de qué pie cojeo y me dispongo a entenderlo más y mejor yendo a terapia antes de siquiera volverme a relacionar con nadie. Y me pregunto esas cosas sólo porque no puedo concebir su manera de llevar el duelo de la relación. No la entiendo, pero lo respeto. Ya nos tiró algo más que un decálogo de reglas (qué raro que tire reglas al mundo el señor), qué es lo que tiene que hacer o no hacer aquella que quiera probar sus mieles. Leí mucha misoginia, sentí horrible, como una afrenta y no, no es que me lo tome personal, es que me sorprende saber que estuve ahí, con él, soportando mi propio decálogo, sobrellevándolo como si fuera algo normal y cotidiano.
Pienso mucho en Alejandro, pienso mucho en Tomás. Pienso en los leggins negros que no encuentro por ninguna parte. Pienso en las paqui beer. Pienso en la comodidad y paz del Putxet. Pienso en la vida que no tuve con Tomás. Pienso en el anillo que nunca me dio. Pienso en volver desesperadamente a Barcelona. Pienso en el pijama de invierno que eché en el contenedor y no entiendo por qué lo hice si ahora hace tanto frío.
Hay días que pienso en escribirle a Alejandro una carta, así como pienso marcarle a Tomás para decirle que estoy viviendo en el DF. Totalmente innecesario. De enviarle la misiva, diría algo así como "siento mucho no haberte amado, no haber correspondido el sentimiento. Te agradezco mucho todo lo que hiciste por mí, sin tu apoyo económico, no habría podido sobrevivir el último año en Barcelona". O algo así. A Tomás no voy a marcarle nunca, que no cunda el pánico. Sólo lo voy a soñar hasta cansarme, hasta resolver el conflicto o hasta no sentirme tan sola en esta ciudad.
FLICKY: En mi camino al trabajo, el nuevo camino al trabajo, me encuentro con un arbusto pleno de flores rojizas. Ya no más iglesia del señor de brazos abiertos. Extraño ese otro camino, así que de repente me paso por el puente peatonal para verlo otra vez. Estamos de luto, estamos atravesando el espinoso camino de readaptarse al viejo mundo, que es el nuevo, ironías de la vida. Hoy creí lo que dice Mandarina, hay que matar a veces para seguir adelante. Aunque matar Barcelona me parece todavía algo muy cruel.
NOTA: Por cierto, qué bonita puede parecer una mariposa gris cerca de algo tan radiante y bello. Increíble. Otra vez, pensando en Alejandro.
NOTA: Por cierto, qué bonita puede parecer una mariposa gris cerca de algo tan radiante y bello. Increíble. Otra vez, pensando en Alejandro.





